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 “Esta isla me parece muy buena, y diez millas antes que a ella llegásemos se percibían olores tan suaves, que era cosa maravillosa. Fuera de esto se encuentran en esta isla muchos mantenimientos, es decir, muchas colmenas, mucha cera y miel…. Entramos diez hombres tres o cuatro millas la tierra adentro, y vimos pueblos y estancias separadas unas de otras, muy lindamente aderezadas.“

 (Juan Díaz. Inerario de la Armada del Rey Católico a la Isla de Yucatán, en la India, en el año 1518, en la que fue por Comandante y Capitán Juan de Grijalva. Escrito para Su Alteza por el Capellán Mayor de la dicha Armada. 1528)

 

 

En los registros históricos se le llama Cuzamil, Maya Cuzamil y Tan Tun Cuzamil, que como Roys (1957) sugiere, podría tratarse del nombre de un asentamiento en particular o tal vez de la isla en su conjunto; a sus habitantes se les conocía como “tantunes” ytantunites”   (Diego López de Cogolludo; Libro del Chilam Balam de Chumayel; Roys 1957).  

La posición de Cozumel en relación al horizonte, tanto al oriente como al occidente, ofrecía las condiciones propicias para la observación y medición de fenómenos astronómicos, entre los cuales revisten especial importancia, las salidas y puestas del Sol en los solsticios y otras fechas dentro del calendario agrícola y ritual (Šprajc 2009), así como de la Luna en sus distintas fases, del modo que estas eran visualizadas por los mayas (Milbrath 1999). La aparición de la Luna llena sobre el mar ofrece un espectáculo que pudo ser especialmente significativo y sostener el culto lunar que se desarrolló en la isla, asociado a su vez a la diosa lunar Ix Chel (Davidson 1975).

En Cozumel, la ocupación más temprana de la isla se remonta al final del período Preclásico Tardío (ca. 300 A.C. - 200 D.C.) y culmina en el Posclásico Tardío (1200 - 1550 D.C.). Es a este período al que corresponden la mayor parte de los monumentos y otros vestigios arqueológicos que aún se conservan en Cozumel (Sanders 1960; Sabloff y Rathje 1975b; Connor 1975; Gregory 1975; Freidel y Sabloff, 1984; Robles 1986a, 1986b; Azcarate y Ramírez 2000; Ramírez y Azcarate 2000), los cuales, de acuerdo a los investigadores del Proyecto Arqueológico que llevaron a cabo las universidades de Harvard y Arizona en los años 70´s en Cozumel, son  “sólo un pálido reflejo de lo que debió de encontrarse en pie al momento de la conquista…”(Freidel y Sabloff 1984:42), así como también demuestran que “la importancia religiosa y comercial de Cozumel tiene una profundidad temporal considerable.” (Sabloff y Rathje, 1975b:21)

El 3 de mayo llegó a la isla la expedición de Juan de Grijalva y la llamaron “Santa Cruz de Puerta Latina”. Hernán Cortés arribó a finales de febrero de 1519. En 1520, con la expedición de Pánfilo de Narváez llegó también la viruela que en poco tiempo diezmó a la población. Para 1570 los habitantes de Cozumel se habían reducido a tan solo 143 parejas que residían en 39 casas (Roys 1957; Freidel y Sabloff 1984).

Aún después de la llegada de los españoles, Cozumel, en particular el Grupo I del centro cívico de San Gervasio, continuó siendo un centro ceremonial activo, tal como lo refleja la presencia en contexto arqueológico de incensarios del denominado “tipo Lacandón”, hechos en el período colonial pero de manufactura indígena, y una llave europea hallada como ofrenda en el altar de la estructura I-6c (Toro 1986)

Cabe mencionar que los monumentos que actualmente se observan en la isla y otros sitios arqueológicos de Mesoamérica son únicamente la estructura interna, ahora aparente y carente de los acabados y recubrimientos que la adosaban, donde en algunas ocasiones y a través de imágenes y símbolos y en ciertas áreas también textos jeroglíficos, los señores que las construían comunicaban los elementos que sostenían su cosmovisión y su quehacer político, así como las memorias de eventos significativos, las actividades que los ocupaban y las ceremonias que realizaban en momentos particulares y las ofrendas que conllevaban.

A la llegada de los españoles, el comercio en el área maya, donde se realizaba primordialmente por vías pluviales y marítimas, llegó a estar controlado por élites que en ciertos momentos estuvieron de varias formas relacionadas con Cozumel, y que se asentaron en la zona costera entre Tabasco y Campeche, donde desembocan los ríos Grijalva, Usumacinta, San Pedro y Candelaria, región que conformaba la provincia de Acalán-Tixchel, con Itzamkanac, hoy “El Tigre”,  como capital, cuya élite gobernante pertenecía a un linaje fundado por un personaje de nombre Auxaual, el cual tuvo su origen en Cozumel (Scholes y Roys 1948; Thompson 1975; Ochoa y Vargas 1979; Antochiw 1991; Ciudad y Lacadena 2001; Vargas 2006; Flores y Pérez 2006 ).

Además de ser el lugar de origen de las genealogías de los señores de Acalan-Tixchel en Campeche, Cozumel es también el origen del linaje de Tipú, en Belice (Scholes y Roys 1948; Roys 1957).

La neutralidad de Cozumel y la flexibilidad cultural de su gobernante como de sus pobladores se reflejaron en la forma con que Naum Pat recibió con benevolencia a los españoles, les suministró víveres y los refirió a otros señores aliados.

El señor del pueblo donde estaban o de la isla…, era de los bien hechos y más gentiles hombres de gesto y cuerpo que se hay visto en todas las Indias, y así tenía la gracia en las obras y la conversación que con todos tenía y servicio que a los españoles hacía….” (Fray Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias, Libro III, Capítulo CXVI)

“[Y] proveyeron abundantemente a nuestro ejército todo el tiempo que estuvo en la isla, de miel y cera, de pan, pescado y fruta.” (Francisco López de Gómara, Historia de la conquista de México, Capítulo 10)

 “[F]ueron a llamar al señor de aquel pueblo; y otro día vino el cacique con toda su gente e hijos y mujeres de todos los del pueblo, y nadaban entre nosotros como si toda su vida nos hubieran tratado…”  (Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España)

A través del análisis de diversas fuentes, es plausible sugerir que Cozumel mantuvo un intenso contacto con otras regiones y que puede tratarse del centro de peregrinación que se decía estaba ubicado en el este de la península de Yucatán, a orillas del mar, donde sale el Sol al que acudían los gobernantes de diversos rumbos para realizar ceremonias, aun relacionadas con la legitimación del poder (Flores y Pérez 2006; Ciudad y Lacadena 2001).

“Las fuentes escritas se refieren al viaje legitimante del soberano ya como paso milagroso al otro tiempo-espacio, donde recibía como dones los símbolos del poder, o al santuario que reproducía el lugar de la creación (López Austin y López Luján 1999, p. 65). Algunos grupos como los quichés realizaron estas migraciones hacia un lugar en el oriente. La llegada de Auxaual a la región de Acalán tuvo su punto de partida en el otro extremo de la Península de Yucatán, la isla de Cozumel…. Cozumel es un centro de importante significación religiosa para distintos grupos chontales, quienes van a peregrinar a los santuarios de la isla en el periodo postclásico…  De alguna manera Auxaual, el fundador, va a obtener en Cozumel, lugar considerado sagrado, los atributos de poder necesarios que luego sus sucesores van a presentar como argumento de legitimación política cuando se refieran a los orígenes de su dinastía.” (Ciudad y Lacadena 2001:9)

En total se han documentado ocho asentamientos en la isla (San Gervasio ubicado en el centro norte, La Expedición, Aguada Grande, Chan Cedral y Zuuk en el noreste, Buena Vista en el sureste, El Cedral en el suroeste y Xaman Cab, hoy la ciudad de San Miguel, en el noroeste), así como un número considerable aún indeterminado de monumentos aislados y alrededor de la costa, plataformas rectangulares y circulares, y un sistema de caminos al interior de los mismos asentamientos y entre los sitios y monumentos, como también una red de paredes bajas, cuya distribución a lo largo de la isla parece indicar una organización rigurosa de la tierra (Freidel y Sabloff 1984)

Los primeros asentamientos se ubicaron en San Gervasio, San Miguel y Aguada Grande. Debido a la escasez de restos cerámicos del Preclásico, se infiere que la población en ese momento fue reducida y su desarrollo fue marginal (Connors 1975:117-118), situación que cambia para el Clásico Temprano (200 – 600 D.C.) donde se reporta una mayor actividad constructiva y aparecen restos cerámicos de tipos asociados al Petén (Toro 1986). La actividad continúa en el Clásico tardío (600 -900 D.C.), mientras la isla devino en un centro de navegación, comercio y de peregrinación, posición que aparentemente mantuvo con ciertas fluctuaciones en el nivel de actividad, mismas que obedecieron a las transformaciones políticas en Yucatán y aun dentro de Mesoamérica. De hecho, a partir de los estilos arquitectónicos y el tipo de cerámica asociada, es posible inferir las relaciones que Cozumel mantuvo con el Petén durante el Clásico, posteriormente con Cobá, Chichen Itzá y más tarde con Mayapán y la Costa Oriental.

La arquitectura pública, a través de la disposición de los edificios, la información que desplegaban y los espacios exteriores que generaban, servía como escenario de rituales y ceremonias, encuentros, danzas, procesiones y otras representaciones.

 

 

“Cuando se multiplicó la muchedumbre de los hijos de las abejas, la bella Cuzamil, fue la flor de la miel, la jícara de la miel, el primer colmenar y el corazón de la Tierra”                                                                                                      Chilam Balam de Chumayel

 

Para los antiguos mayas, Cozumel era un punto nodal en las rutas marítimas y comerciales y un importante Centro de Peregrinación, como lo describen los diversos relatos de los primeros españoles que llegaron a Yucatán. 

Fray Diego de Landa en la  Relación de las Cosas de Yucatán señala:

“…Y que tenían a Cuzmil y el pozo de Chichenizá  en tanta veneración como nosotros las romerías a Jerusalén y Roma y así los iban a visitar [a los dioses] y ofrecer dones, principalmente a Cuzmil, como nosotros a los lugares santos, y cuando no iban, enviaban siempre sus ofrendas.”                                        (Diego de Landa. Relación de las Cosas de Yucatán. S. XVI)

La noticia llegó incluso a España y a quienes no viajaron al continente americano mas recolectaron las narraciones:

“Consérvase hoy la memoria, de mas de lo escrito en las historias, de que la isla de Cozumél (Cuzamil) era el supremo santuario, y como romano de esta tierra, donde no solo los moradores de ella, pero de otras tierras concurrian á la adoracion de los ídolos, que en ella veneraban…”. (Cogolludo, Libro IV, Cap. VII)

“Es significativo que el más famoso sacbé, que corre de Yaxuná a Cobá (Villa Rojas 1934) está específicamente identificado como una importante ruta de peregrinación a la Isla de Cozumel:

[S]e vén vestigios de calzadas que atraviesan todo este reino, y dicen rematan á lo oriental dél en la playa del mar, desde donde se atraviesa un brazo dél, de distancia de cuatro leguas, con que se divide esta Tierra Firme de aquella isla. Estas calzadas eran, como caminos reales, que guiaban sin recelo de perderse en ellos, para que llegasen á Cozumél (Cuzamil) al cumplimiento de sus promesas, á las ofrendas de sus sacrificios, á pedir el remedio de sus necesidades, y á la errada adoracion de sus Dioses fingidos. (Cogolludo en Tozzer 1941:109)

Molina Solís dice respecto a esta ruta particular: “El viaje era una verdadera peregrinación. A lo largo de su curso, los peregrinos visitaban los templos que se hallaban en la ruta, los antiguos monumentos y las ruinas abandonadas, donde pasaban hacían pausas para quemar copal, el incienso sagrado reservado para las expresiones de culto” (en Villa Rojas 1934:207-208).” (Freidel y Sabloff, 1984:82)

“Villa Rojas encontró varias plataformas aisladas junto al sacbé Yaxuná-Cobá. Piensa que estas pudieron servir como lugares de descanso y oración [para los peregrinos].” (Freidel y Sabloff, 1984:83)

Los vestigios arqueológicos en Cozumel, sin ser monumentales debido a las características de su momento y limitaciones del entorno, tienen relevancia por el papel que desempeñaron y por los significados que contienen –los mismos que determinaron la construcción de las grandes capitales mayas.

Los monumentos que aún se conservan, son sólo “un pálido reflejo de lo que debió de encontrarse en pie al momento de la conquista...”            (Freidel y Sabloff, 1984:42)

"Hay formas arquitectónicas y lugares con significado ritual en todo Cozumel" (Friedel y Sabloff, 1984:75)