ITZ  NAH

COSMOVISIÓN

Los antiguos pueblos de Mesoamérica –los nahuas y los mayas, entre otros– compartieron concepciones de la realidad que han quedado registradas en forma de mitos, historias y narraciones.

¿Por qué los mitos? Todos los pueblos del mundo han concebido explicaciones que dan cuenta del origen del universo, la vida y los seres humanos, las cuales han dado forma a una importante tradición mitológica que aún en la actualidad sigue siendo estudiada, en la búsqueda de claves que expliquen la cultura que la originó o bien aporten un sentido a la vida misma.

El ser humano, desde la antigüedad, ha tenido la necesidad de conocerse, de buscar su origen y su historia, y de pensar un destino.

Los mitos de los pueblos antiguos son muy parecidos, pues comparten un entendimiento básico de la realidad y una noción de los orígenes y el recorrido que ha realizado la humanidad para llegar al momento en que esos relatos fueron concebidos. Cada mito es matizado por las particularidades del grupo, el lugar, el tiempo y el contexto cultural en que se origina.

Mitos que hoy en día son sustituidos por otros que indican las pautas actuales de comportamiento, donde los héroes y los guerreros de antaño, son ahora los hombres de negocios y los artistas; donde las historias modernas de la creación, son un reflejo de la reverencia por la ciencia.

La vigencia de los mitos ancestrales, sin embargo, es particular, están infundidos de valores universales que trascienden las barreras del tiempo. Por ello, los mitos han servido a la humanidad como directrices, y a partir de ellos se han generado los valores colectivos que han permitido la convivencia y el progreso, privilegiando siempre, aunque a veces a marchas forzadas y en aparente retroceso, el desarrollo y la evolución.

El acervo filosófico de los antiguos mesoamericanos resguarda contenidos y valores que son profundos, y subyacen en una variedad de temas que van desde los filosóficos y teológicos, a las artes y las ciencias, la administración y la política, la familia y la educación.

De entre todos los mitos, aquellos que se refieren a la Creación jugaron un papel central en la religión y la política dentro de las antiguas sociedades mayas.

Su recreación constante, tal como se representa en el arte y el ritual, dio lugar a la solidez que permitió su permanencia durante decenas de siglos y a lo largo de un amplio territorio.

Mircea Eliade, experto en mitos y religiones, señala que los mitos de Creación y los rituales asociados revisten una importancia particular pues:“Aquel que recita o actúa el mito de origen, ingresa de esa manera a la atmósfera creativa y sagrada en donde esos eventos milagrosos tuvieron lugar. El origen mítico es un tiempo de mucha fuerza puesto que se transfiguró por la presencia creadora y activa de los seres sobrenaturales. Al recitar los himnos, se recrea ese tiempo fantástico y se hace contemporáneo a los eventos que se describen, y se entra en la presencia misma de los dioses y los héroes.”(Eliade 1976)

Los mitos revelan conceptos filosóficos y aun eventos históricos del pasado remoto, pero interpretar estos de manera literal no es conducente.

Se sabe que el origen del planeta se remonta a varios miles de millones de años, no a los pocos miles de años que narran las cosmogonías de todas las culturas.

En los mitos mesoamericanos, pueden variar los números de las eras y los cataclismos que trajeron el fin de cada una de ellas, mas las enseñanzas son las mismas, filosóficamente siempre vigentes.

En los mitos de casi todos los pueblos, después de que la creación del mundo se lleva a cabo y finalmente aparecen los primeros seres, capaces de conocer, amar y actuar a voluntad, se encuentran los relatos de las múltiples vicisitudes que atraviesan, generación tras generación, donde los hechos históricos se entrelazan con acontecimientos mitológicos, hasta lograr explicar las razones que los llevaron a asentarse en sus territorios y mantener complejos sistemas de relaciones con las deidades, los ancestros, el entorno natural y los demás humanos.

Son estos mitos sobre los que se fundamenta todo quehacer humano, los que mantienen a la comunidad cohesionada y dan legitimidad al poder de los sacerdotes y los gobernantes.

En los relatos míticos comunes a todos los pueblos, se menciona lo que bien podría ser indicativo de algunos acontecimientos que datan de tiempos muy remotos: la presencia de seres que poseen un mayor conocimiento, que adiestran a los nativos en diversas áreas, desde la agricultura hasta el arte y la moral.

El gran experto en mitología, Joseph Campbell, llamó a estas figuras “héroes civilizadores”,personificaciones no sólo de conocimiento, sino seres que parecen tener un origen sobrenatural, con lo que se refuerza la noción de superioridad, de divinidad.

En Mesoamérica, la máxima representación de este héroe cultural es sin duda Quetzalcoatl, que en la zona maya también portó el mismo nombre figurativo K´uk´ulk´an, o sea, “Serpiente Emplumada”, que en sentido abstracto, representa a un ser que como ave, conoce las cosas del cielo, y como serpiente, las de la Tierra.

Se dice que a él se debe la filosofía y la moral, la agricultura, la metalurgia, el teñido de hilo, además de ser el modelo de sacerdote-gobernante, por lo que con el tiempo, se conoció tanto como una deidad, como personaje histórico y como un título que designaba una alta investidura, tal como se detalla en los muchos manuscritos antiguos en los que se le menciona, y que recoge de manera impecable Henry B. Nicholson en su tesis doctoral TopiltzinQuetzalcoatl.

Los mitos y la vida ritual son elementos indispensables de una vida espiritual. Dice Joseph Campbell que el vivir en constante conciencia de los principios espirituales, era la finalidad prioritaria en las sociedades tempranas. Los mitos, señala, ponen al individuo en contacto con la esencia de su tipología arquetípica espiritual, y la repetición cotidiana del ritual lo mantiene en la frecuencia adecuada. Revitalizar mediante las ceremonias el espacio sagrado, le proporciona un sentido de ubicación sublime, de pertenencia extendido; se ve a sí mismo, ejerciendo auto-conciencia, dentro de un mundo infinito y abundantemente poblado cuya realidad última es espiritual, y la Tierra, un lugar sagrado.

A través de los mitos se santifican los lugares. Donde quiera que se esté, se mantiene la relación con el orden cósmico.

LA CREACIÓN EN LA MITOLOGÍA MAYA

Las historias mayas de la Creación se conocen a través de: a) el libro llamado Popol-Vuh, b) los relatos iconográficos y los textos jeroglíficos cifrados en el arte, c) algunos textos coloniales y d) las manifestaciones actuales de esa tradición. Todos ellos están relacionados y los diversos relatos presentan una consistencia básica común.

Es Popol Vuh es un texto que fue escrito en lengua quiché con caracteres latinos alrededor del 1550-1555, y es sin duda una copia de algún texto mucho más antiguo.

Las representaciones iconográficas de los mitos ahí contenidos, se hallan grabadas desde la época preclásica en los relieves de algunos monumentos de Izapa, un centro ceremonial en lo que hoy es el estado de Chiapas, en donde se registra el tránsito de la cultural olmeca a la propiamente maya, y que se desarrolló entre el siglo XV A.C. y el primer siglo D.C.

Para conocer los eventos que dieron lugar a esta creación, tomaremos el camino que nos abren las palabras del Popol Vuh, así como los relatos iconográficos y los textos jeroglíficos que registraron en el arte los gobernantes de la época clásica.

Antes de iniciar el relato de la Creación, en el Popol Vuh se dice que “existía el libro original, escrito antiguamente, pero el que lo lee y estudia, está oculto.”

Asimismo afirma que”: Grande era la descripción y el relato de cómo se acabó de formar todo el cielo y la Tierra, cómo fue formado y repartido en cuatro partes, cómo fue señalado y el cielo fue medido y se trajo la cuerda de medir y fue extendida en el cielo y en la Tierra, en los cuatro lados, en los cuatro rincones,como fue dicho por el Creador y el Formador, la madre y el padre de la vida, de todo lo creado, el que da el aliento y el corazón, la que sostiene con luz a sus hijos, el sabio, el que medita en la bondad de todo lo que existe en el Cielo-Tierra, en el lago-Mar.”

Y continúa narrando cómo “en un principio, todo estaba quieto, no había movimiento, sólo murmullos en la oscuridad. Sólo existían el cielo y el mar bajo él, no se veía la faz de la Tierra. Nada se movía, todo estaba resguardado, en reposo bajo el cielo. Lo que debía de haber, simplemente aún no estaba...”

Solamente estaban “el Creador, el Modelador, Gugumatz, la Serpiente Emplumada (Quetzalcoatl), y Huracán, el Corazón del Cielo (Tezcatlipoca), quien se acerca a Serpiente Emplumada, y entonces hablaron y unieron sus pensamientos. Todo se tornó claro, en la luz.Concibieron así la creación de la vida, de los seres humanos, de los árboles.

Y se preguntaron, ¿cómo se iniciará la siembra, el amanecer?, ¿quién será el proveedor, el que sustente?

Acordaron entonces hacerlo de esta manera: “el agua deberá ser removida, vaciarse para la formación de la plataforma y el plato de la Tierra, después vendrá la siembra y el amanecer del Cielo-Tierra. Pero no habrá culminación ni celebración de nuestro trabajo, nuestro diseño, hasta el surgimiento de la obra humana, el diseño humano.

Y entonces la Tierra surgió, fue sólo su palabra la que la hizo aparecer. Para la formación de la Tierra, sólo dijeron “Tierra”,y como una nube, como la neblina, que se forma, se desenvuelve...

Así, las montañas fueron separadas del agua, y en ellas aparecieron los árboles.

La Serpiente Emplumada se complació y le dio las gracias al Corazón del Cielo por haberse presentado con la idea.

Así fue como crearon la Tierra, el Corazón del Cielo y el Corazón de la Tierra,como se llaman, pues fueron los primeros en pensar en ello. El cielo y la tierra fueron separados de en medio de las aguas primordiales.

Así fue su trabajo cuando lo concibieron, cuando lo pensaron.”

En el Popol-Vuh, como en todas las tradiciones mitológicas del mundo, los dioses creadores aparecen asimismo con otros nombres: Xmucané y Xpiyakok, manifestación de los aspectos femenino y masculino respectivamente, al igual que Alom y Kajolom y Hunahpu-Vuh y Hunahpu-Utiú, los cazadores, proveedores del sustento.

Después de crear las condiciones para la vida en la Tierra, el relato continúa:

“Y dijeron los Progenitores: -- ¿Sólo habrá silencio e inmovilidad bajo los árboles y los bejucos? Conviene que en lo sucesivo haya quien los guarde.

Así dijeron cuando meditaron y hablaron en seguida. Al punto fueron creados los animales, grandes y pequeños.

En seguida les repartieron sus moradas.

Y estando terminada la creación de todos los cuadrúpedos y las aves, les fue dicho a los cuadrúpedos y pájaros por el Creador y el Formador y los Progenitores:

-- Hablad, gritad, gorjead, llamad, hablad cada uno según vuestra especie, según la variedad de cada uno.

-- Decid, pues, vuestros nombres, alabadnos a nosotros, vuestra madre, vuestro padre. ¡Invocad, pues, a Huracán, el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, el Creador, el Formador, los Progenitores; hablad, invocadnos, adoradnos! -- les dijeron.

Pero no se pudo conseguir que hablaran como los hombres; sólo chillaban, cacareaban y gramaban.

No pudieron entender su lenguaje entre ellos mismos, nada pudieron conseguir y nada pudieron hacer.

Cuando el Creador y el Formador vieron que no era posible que hablaran, se dijeron entre sí : -- No ha sido posible que ellos digan nuestro nombre, el de nosotros, sus creadores y formadores. Esto no está bien...

Entonces se les dijo: -- Seréis cambiados porque no se ha conseguido que habléis. Hemos cambiado de parecer: vuestro alimento, vuestra pastura, vuestra habitación y vuestros nidos los tendréis, serán los barrancos y los bosques, porque no se ha podido lograr que nos adoréis ni nos invoquéis.Todavía hay quienes nos adoren, haremos otros [seres] que sean obedientes. Vosotros aceptad vuestro destino: vuestras carnes serán trituradas. Así será. Esta será vuestra fortuna--. Así dijeron cuando hicieron saber su voluntad a los animales pequeños y grandes que hay sobre la faz de la tierra.

Luego quisieron probar suerte nuevamente; quisieron hacer otra tentativa y quisieron probar de nuevo a crear seres que los pudieran conocer.

Así, pues, hubo que hacer una nueva tentativa de crear y formar al hombre por el Creador, el Formador y los Progenitores.

Probemos ahora a hacer unos seres obedientes, respetuosos, que nos sustenten y alimenten --. Así dijeron.

Entonces fue la creación y la formación. De tierra, de lodo hicieron la carne [del hombre]. Pero vieron que no estaba bien, porque se deshacía, estaba blando, no tenía movimiento, no tenía fuerza, se caía, estaba aguado, no movía la cabeza, la cara se le iba para un lado, tenía velada la vista, no podía ver hacia atrás. Al principio hablaba, pero no tenía entendimiento. Rápidamente se humedeció dentro del agua y no se pudo sostener.

Y dijeron el Creador y el Formador: -- Bien se ve que no podía andar ni multiplicarse. Que se haga una consulta acerca de esto, dijeron.

Entonces desbarataron y deshicieron su obra y su creación. Y en seguida dijeron: -- ¿Cómo haremos para perfeccionar, para que salgan bien nuestros adoradores, nuestros invocadores?--Así dijeron cuando de nuevo consultaron entre sí.“

Y decidieron entonces recurrir a la adivinación.

“--Digámosles a Ixpiyacoc, Ixmucané, Hunahpú-Vuch, Hunahpú-Utiú : ¡Probad suerte otra vez! ¡Probad a hacer la creación! -- Así dijeron entre sí el Creador y el Formador cuando hablaron a Ixpiyacoc e Ixmucané.

-- Dad a conocer vuestra naturaleza, Hunaphú-Vuch, Hunahpú-Utiú, dos veces madre, dos veces padre, Nim-Ac, Nimá-Tziís, el Señor de la esmeralda, el joyero, el escultor, el tallador, el Señor de los hermosos platos, el Señor de la verde jícara, el maestro de la resina, el maestro Toltecatl, la abuela del sol, la abuela del alba, que así seréis llamados por nuestras obras y nuestras criaturas.

-- Echad la suerte con vuestros granos de maíz y de tzité. Hágase así y se sabrá y resultará si labraremos o tallaremos su boca y sus ojos en madera--. Así les fue dicho a los adivinos.

A continuación vino la adivinación, la echada de la suerte con el maíz y el tzité...

Entonces hablaron y dijeron la verdad : --Buenos saldrán vuestros muñecos hechos de madera; hablarán y conversarán vuestros muñecos hechos de madera sobre la faz de la tierra.

-- ¡Así sea!-- contestaron, cuando hablaron.

Y al instante fueron hechos los muñecos labrados en madera. Se parecían al hombre, hablaban como el hombre y poblaron la superficie de la Tierra.

Existieron y se multiplicaron; tuvieron hijas, tuvieron hijos los muñecos de palo;pero no tenían alma, ni entendimiento, no se acordaban de su Creador, de su Formador; caminaban sin rumbo y andaban a gatas.

Ya no se acordaban del Corazón del Cielo y por eso cayeron en desgracia. Fue solamente un ensayo, un intento de hacer hombres.

Estos fueron los primeros hombres que en gran número existieron sobre la faz de la Tierra.

En seguida fueron aniquilados, destruidos y deshechos los muñecos de palo, recibieron la muerte.

Una inundación fue producida por el Corazón del Cielo; un gran diluvio se formó, que cayó sobre las cabezas de los muñecos de palo.

No pensaban, no hablaban con su Creador, su Formador, que los habían hecho, que los habían creado. Y por esta razón fueron muertos, fueron anegados. Una resina abundante vino del cielo.

Y fueron castigados porque no habían pensado en su madre, ni en su padre, el Corazón del Cielo, llamado Huracán. Y por este motivo se obscureció la faz de la tierra y comenzó una lluvia negra, una lluvia de día, una lluvia de noche.”

Y estos hombres, que no supieron valorar ni mostrar gratitud por el servicio que les brindaron los seres y los artefactos que estuvieron a su disposición, fueron por ellos atacados.

Continúa el relato diciendo que: “Llegaron entonces los animales pequeños, los animales grandes, y los palos y las piedras les golpearon las caras. Y se pusieron todos a hablar; sus tinajas, sus comales, sus platos, sus ollas, sus perros, sus piedras de moler, todos se levantaron y les golpearon las caras.

Reclamando de esta manera, los malos tratos de ellos recibido.

“Desesperados corrían de un lado para otro; querían subirse sobre las casas y las casas se caían y los arrojaban al suelo; querían subirse sobre los árboles y los árboles los lanzaban a lo lejos; querían entrar a las cavernas y las cavernas se cerraban ante ellos.

Así fue la ruina de los hombres que habían sido creados y formados, de los hombres hechos para ser destruidos y aniquilados: a todos les fueron destrozadas las bocas y las caras.

Y dicen que la descendencia de aquellos son los monos que existen ahora en los bosques.

Y por esta razón el mono se parece al hombre, es la muestra de una generación de hombres creados, de hombres formados que eran solamente muñecos y hechos solamente de madera.”

En el Popol Vuh, la narración continúa con las aventuras de los hermanos gemelos, que consiste de varios eventos relacionados con el Maíz, la planta sagrada, sus ciclos y su cultivo, así como la aparición del Sol, la Luna y las estrellas. Los gemelos divinos son figuras que abundan en los relatos míticos de diversas tradiciones culturales.

Después de estos eventos, cuando todo estaba listo para el surgimiento del ser humano, “dijeron los Progenitores, los Creadores y Formadores, que se llaman Tepeu y Gucumatz: "Ha llegado el tiempo del amanecer, de que se termine la obra y que aparezcan los que nos han de sustentar, y nutrir, los hijos esclarecidos, los vasallos civilizados; que aparezca el hombre, la humanidad, sobre la superficie de la Tierra. Así dijeron.

Se juntaron, llegaron y celebraron consejo en la oscuridad en la noche; luego buscaron y discutieron, y aquí reflexionaron y pensaron. De esta manera salieron a luz claramente sus decisiones y encontraron y descubrieron lo que debía entrar en la carne del hombre.

Poco faltaba para que el Sol, la Luna y las estrellas aparecieran sobre los Creadores y Formadores.

A continuación entraron en pláticas acerca de la creación y la formación de nuestra primera madre y padre. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados.

Se dice que ellos sólo fueron hechos y formados, no tuvieron madre, no tuvieron padre. Solamente se les llamaba varones. No nacieron de mujer, ni fueron engendrados por el Creador y el Formador, por los progenitores. Sólo por un prodigio, por obra de encantamiento fueron creados y formados por el Creador, el Formador, los Progenitores, Tepeu y Gucumatz.

Y como tenían la apariencia de hombres, hombres fueron; hablaron, conversaron, vieron y oyeron, anduvieron...eran hombres buenos y hermosos...

Fueron dotados de inteligencia; vieron y al punto se extendió su vista, alcanzaron a ver, alcanzaron a conocer todo lo que hay en el mundo. Cuando miraban, al instante veían a su alrededor y contemplaban en torno a ellos la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra. Las cosas ocultas [por la distancia] las veían todas, sin tener primero que moverse; en seguida veían el mundo y asimismo desde el lugar donde estaban lo veían.

Grande era su sabiduría; su vista llegaba hasta los bosques, las rocas, los lagos, los mares, las montañas y los valles. En verdad eran hombres admirables...

Y cuando acabaron de ver cuanto había en el mundo. Luego dieron las gracias al Creador y al Formador : -- ¡En verdad os damos gracias dos y tres veces! Hemos sido creados, se nos ha dado una boca y una cara, hablamos, oímos, pensamos y andamos; sentimos perfectamente y conocemos lo que está lejos y lo que está cerca. Vemos también lo grande y lo pequeño en el cielo y en la tierra. Os damos gracias, pues, por habernos creado, ¡oh Creador y Formador!, por habernos dado el ser, ¡oh abuela nuestra! ¡Oh nuestro abuelo!, dijeron dando las gracias por su creación y formación.

Acabaron de conocerlo todo y examinaron los cuatro rincones y los cuatro puntos de la bóveda del cielo y de la faz de la tierra.

Pero el Creador y el Formador no oyeron esto con gusto. – No está bien lo que dicen nuestras criaturas, nuestras obras; todo lo saben, lo grande y lo pequeño --dijeron. Y así celebraron consejo nuevamente los Progenitores : -- ¿Qué haremos ahora con ellos? ¡Que su vista sólo alcance a lo que está cerca, que sólo vean un poco de la faz de la tierra! No está bien lo que dicen. ¿Acaso no son por su naturaleza simples criaturas y hechuras [nuestras]?¿Han de ser ellos también dioses? ¿Y si no procrean y se multiplican cuando amanezca, cuando salga el sol? ¿Y si no se propagan? -- Así dijeron.

-- Refrenemos un poco sus deseos, pues no está bien lo que vemos. ¿Por ventura se han de igualar ellos a nosotros, sus autores, que podemos abarcar grandes distancias, que lo sabemos y vemos todo?

Esto dijeron el Corazón del Cielo, Huracán, Chipi-Caculhá, Raxá-Caculhá, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, Ixpiyacoc, Ixmucané, el Creador y el Formador. Así hablaron y en seguida cambiaron la naturaleza de sus obras, de sus criaturas.

Entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo que estaba cerca, sólo esto era claro para ellos.

Así fue destruida su sabiduría y todos los conocimientos de los cuatro hombres, origen y principio [de la raza quiché].

Así fueron creados y formados nuestros abuelos, nuestros padres, por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra.”

El relato continúa con una larga historia de las migraciones y los episodios que conforman la historia material y mitológica del pueblo quiché, que incluye asimismo el momento en que finalmente salen el Sol, la Luna y las estrellas, con lo cual concluye la obra de los dioses.

A través de los eventos y los personajes, se dejaron asentados los valores y las actitudes que son de relevancia para los mayas y que desde la antigüedad rigen todas sus relaciones, entre los humanos, y entre ellos y su entorno.

Para extraer las enseñanzas que guardan los mitos, es necesario leer con mirada profunda y detenerse en los pasajes más significativos que invitan a la reflexión.

Un análisis superficial de los textos arriba citados, resaltados en negrillas, revelan, entre otras muchas cosas, que para los antiguos mayas, como para los actuales, el pensamiento y la palabra tienen un enorme poder creativo, y cualquier proceso de toma de decisiones habrá de implicar el diálogo, el intercambio de ideas y el consenso, tal como los dioses lo dejaron establecido en el principio de los tiempos.

También que el error es inherente a la acción, pues todos se equivocan, aún los dioses, con lo que se reconocen la virtud y el valor detrás de cada intento por mejorar, siendo éste la esencia del propósito creativo. En cada intento por crear a los humanos, las lecciones de los errores cometidos en el proceso fueron asimiladas, provocando la evolución. Para culminar con la creación de los seres que logran reconocer lo que está más allá de sí mismos, cuyo alimento es la sustancia misma de la que están hechos, pero que corren el riesgo de perderse en la soberbia si dejan de recordar que son sólo criaturas.

LA CREACIÓN EN LOS JEROGLIFOS Y LA ICONOGRAFÍA

Los eventos de la Creación narrados en el Popol-Vuh, se encuentran registrados en los textos jeroglíficos y en los relatos iconográficos de la época clásica, en donde se elaboran los detalles de ese primer acto de los dioses en que se separan el cielo y la tierra, y se establece el “punto de fuga”, el centro cósmico, a partir del cual se divide el universo en ocho divisiones y con eso se da origen al espacio y el tiempo. Esas divisiones, como lo señala el Popol Vuh en la introducción, se llevan a cabo con cuerdas, que simbólicamente vienen a actuar como los cordones umbilicales que conectan las diversas dimensiones de la Creación, la Kuxam Sum, y al mismo tiempo, se trata de las cuerdas que todavía hoy en día se usan para medir y diseñar los espacios.

Según estos textos, el actor principal es Hun-Nal-Yeh, literalmente “Uno Maíz Revelado” y también Wakah Chan Ajaw, Señor del Sexto Cielo-Árbol Erguido“, el primer padre, el responsable del establecimiento del origen, el Centro.

Los textos señalan que este evento se llevó a cabo en un lugar llamadoCh´a-Chan Yax-Ox-Tunal “Cielo Acostado-Lugar Primero de las Tres Piedras”

El establecimiento del "centro" y la colocación de la tres piedras del fogón son eventos análogos, pues en cualquier construcción maya, en primera instancia se establece el "centro", el ombligo, también el lugar del fogón, el abuelo fuego que en la tradición náhuatl se llama Xiuhtecuhtli y también Huehueteotl, por ser el más anciano. Una vez que se consagra ese "centro", se procede con todo lo demás, de igual forma en los campos de cultivo, una casa o un altar ceremonial.

“Así como las piedras del fogón circundan el fuego y establecen el centro de la casa, así las tres piedras de la Creación centraron el cosmos y permitieron que el cielo fuese levantado del mar primordial” (Maya Cosmos. Schele et al. 1993)

Recrear esta acción de los dioses de fundar el centro y de levantar el árbol cósmico, que originó las ocho divisiones del cosmos, fue un eje alrededor del cual giró la vida ritual, la política, el arte, la arquitectura y la planeación urbana.

De esta manera, el lugar donde se erige el centro se convierte en el portal de acceso al mundo de los dioses y los ancestros, pues a través de él se levanta el árbol cósmico que conecta todas las dimensiones.

El grupo de templos llamado de las Cruces en Palenque es una recreación de esos eventos, donde tanto en la distribución de las estructuras, como en los textos jeroglíficos y las imágenes en los tableros interiores, se narran los hechos de la Creación y se registra que K´an Balam, gobernante hijo del famoso Pakal, los actúa nuevamente en el mismo momento en que el Cielo dibujaba un mapa que aportaba la ratificación de que así había ocurrido en "el principio de los tiempos".

Estos eventos, levantar el cielo y marcar el Centro, según algunos investigadores, se encuentran reflejados en los movimientos de la Vía Láctea y un grupo de estrellas dentro de la constelación de Orión.

Desde la época preclásica, se encuentran en los sitios patrones distintivos asociados a estos eventos, desde los modelos triádicos, a las ofrendas así mismo dispuestas.

Un ejemplo es un hallazgo “del 350 A.C. del sitio de Cival, en el Petén, donde, en la fase más temprana de construcción, se halló una ofrenda compuesta por una urna depositada en una excavación en la roca, en forma de cruz k´an; en la parte central y más profunda, estaban dispuestas cuatro hachas de jade, una en cada dirección más una en el centro, y unas ollas fueron dispuestas en los cuatro brazos de la cruz; todo fue cubierto por una capa de estuco y en el centro se hizo un orificio en el que se colocó un poste que representaba el Árbol Cósmico” (Rice 2007).

Durante la época clásica, la representación más abundante es tal vez la del gobernante, él mismo, como Wakah Chan, como árbol cósmico y como sustentador, en todos los sentidos.

A través de los mensajes cifrados en el arte, ratificados en el calendario y el ritual se confirmaba una cosmovisión que a su vez daba legitimidad y poder a los gobernantes.

Hay innumerables muestras de estas representaciones, las estelas son una manera particular de la época clásica. El nombre jeroglífico de la estela es precisamente te-tun “árbol de piedra”. En ellas, el gobernante se presentaba con los atributos que lo hacían semejante a los dioses.

De los gobernantes era la responsabilidad de mantener el bienestar de su pueblo, el equilibrio cósmico y la comunicación con los planos divinos y los ancestros.

También son abundantes los rituales asociados, como ejemplo sirva el que realizaba la mujer de Yaxchilan, esposa de un gobernante, que con su propia sangre alimentaba la cuerda que representaba la kuxam-sum, el cordón umbilical del linaje y del cosmos.

Entre las muy variadas formas en que se representó el evento y el lugar de la Creación, los antiguos mayas recurrieron a una manera extraordinariamente poética y también precisa, tal como se halla en una inscripción en la estela 1 de Cobá, en la península de Yucatán, y que como los mitos de otras tradiciones, emplea símbolos para describir que los hechos ahí registrados, pertenecen al tiempo de los dioses.

Normalmente, el calendario llamado Cuenta Larga, mediante el cual se registraron los eventos en la época clásica, funciona de acuerdo a la matemática maya que es vigesimal. Sin embargo, en esta inscripción, los 20 ciclos superiores aparecen cerrados en 13, con lo cual se aclara que los eventos ahí descritos ocurren en illo-tempore, el tiempo de los dioses, como sucede en prácticamente todos los mitos de Creación donde en necesario hacer esa distinción entre el tiempo de los dioses y el tiempo de los humanos.

El numeral 13 no tiene ninguna función matemática, sino que con la combinación del numeral 13 y de 20 se transmite la dimensión cósmica del entramado del tiempo, donde el trece, que en maya se dice Oxlajun, significa también completitud, abundancia; se trata de una descripción de la eternidad, donde el tiempo ya no se mueve.

Al día siguiente de este evento, la cuenta aparece en ceros y a partir de entonces, empieza a correr en ciclos de 20, dando inicio al calendario que regularía la vida de los hombres y que se basa en el winal 20, de winik que significa persona, pues son 20 los dedos que tiene el ser humano y que puede emplear para contar.

Es la cuenta que actualmente continúa y que no termina en 2012, pues está sólo por completarse el Bak´tun 13.

¿Cómo sabemos que este calendario no termina en el Bak´tun 13?

Porque sabemos cómo opera la matemática maya y porque hay registros en donde se confirma que el ciclo de los Baktunes necesita completar veinte vueltas para que dé inicio al siguiente ciclo, el de los Piktunes.

Como lo afirma el rey Pakal de Palenque, en uno de los paneles de su templo mortuorio conocido como el Templo de las Inscripciones, donde en un pasaje grabado en escritura jeroglífica, asevera que después de 80 ciclos de 52 años desde la fecha de su ascensión al trono (615 DC) habrán pasado ocho días después de la llegada del primer Piktun (en 4772 D.C.), con lo que no deja lugar a dudas de que el ciclo de Baktunes, para completarse, ha de llegar a veinte.

En ese mismo templo, en la lápida que cubrió el cuerpo de Pakal al morir, quedó plasmado el concepto que los antiguos mayas tenían de la muerte, asociado al ciclo del Maíz, que para nacer, la semilla ha de morir primero.

Y así, Pakal aparece ataviado como el Dios del Maíz, penetrando en las fauces de la tierra, en posición fetal, con lo que anuncia su renacimiento, mientras que su esencia “toma el camino” ox be´, la voz del jeroglífico que describe esta transición, hacia el árbol cósmico representado por la Vía Láctea que se halla detrás en posición vertical.

La vasija de la ofrenda- incensario- de donde se levanta el Wakah Chan, se conoce también como Yax-Hal-Witz, la montaña sagrada, la montaña de nuestro mantenimiento, donde el maíz primero surgió. Esta imagen se representó asimismo de una diversidad de maneras dentro y fuera del mundo maya.